viernes, 6 de noviembre de 2009

La memoria


La memoria es espiga y sol,
campos de trigo y avena, prados que reparten luz
antes si quiera de ofrecer el alimento.
Es instante de fuego azul
y un canto perdido entre el cielo,
las nubes, las sombras de la tarde, del sur
cansado y del poniente su fragor.

Vuelan, se diluyen las palabras
en trazos indecisos, perdidos
tras una infancia ajena a los dedos temblorosos.
Signos que danzan en el frío,
manos, dedos inciertos, ausentes, solos.
Ya no brotan de ellos puentes, árboles, ríos,
campos de avena y trigo, ocasos ni mañanas.

Es el espejo sucio de la estancia,
la ventana atorada, la puerta equivocada, el baúl
olvidado y ajado, con su cerradura
corrompida de tiempo y orín, la pus
del tiempo, infecto, lívido, que supura
restos desgajados de la piel, el tragaluz
de los días, de todos los días y todas las madrugadas.

Y acaba por ser el pozo
excavado en la pupila que ya no mira.
La mirada que te excruta, que te busca,
que te observa de soslayo, te evita,
y vuelve a encontrar la luna
y no te reconoce, y se aleja y ya no te adivina,
y deja de ser el padre..., ¡que ya no tiene ojos!.

martes, 12 de mayo de 2009

Amistades

Con el tiempo, supe que aquellos abrazos eran el lugar donde yo habitaba, mi verdadero hogar.

Cuando uno nace, nace de otros, porque otros te traen y otros te reciben. Eres un anexo, sin voluntad propia, sin consistencia, una parte de otra parte. Luego creces y un día decides alargar el brazo y acoger a gente que pasaba por allí. Es nuestro segundo nacimiento, el renacer al mundo. Yo lo hice de la mano de algunos amigos. Así, cada vez que me encuentro con alguna de mis amistades de entonces, siento en su abrazo como una vuelta al sitio de donde vengo, a mi lugar de procedencia. A la patria verdadera.

jueves, 7 de mayo de 2009

Roque Grande

El Roque Grande me vio pasar junto a él hace ya algunos años. Desde entonces, le profeso una gran admiración y un profundo respeto. Es una garganta de fuego petrificada, el resto pétreo de una chimenea volcánica, la señal que dejó un antiguo volcán de mi tierra. Lo veo como un dios perfecto. Un lugar donde acudir. Un sitio mágico.

Hace poco pasé cerca y no puede evitar el pararme un segundo para mirarlo de nuevo, esta vez enramado como nunca de primavera, con ese azul veteado de nubes, engalanado, como los tronos de santos de la Semana Santa. Aquí no hay tambores que redoblen, no hay lutos ni capirotes, ni imágenes de sacrificios, nazarenos, vírgenes dolientes, cruces... No hay cánticos más allá de pájaros y vientos. Pero está mi verdadero credo, mi emoción, mi sentimiento más religioso. Todo ha renacido. No ha hecho falta rezos ni adoraciones. Ha vuelto la retama, siguen el pinar y Roque Grande, el cielo ha amanecido luminoso. La luz penetra la atmósfera límpida y acrecienta los colores. Todo está. Hubo muerte y resurrección ante nuestros ojos. Siempre la hay. No es necesario ese Cristo. Tengo mi Roque Grande. Siempre.

martes, 5 de mayo de 2009

Delara Darabi

En su cabeza solo tenía el amor. La locura de la juventud que nos envuelve y nos hace dueños del mundo. Cometió el error de creer en quien le decía que la quería. Un error que acabó con una vida y que le supuso la cárcel.

Tenía el gen que hace de las mujeres los seres más fuertes de este mundo: el del sacrificio. Le pidieron que cogiera las riendas del destino, que se bebiera de un sorbo toda la culpa, y por él lo hizo.

Luego solo tuvo que llegar el verdugo en forma de Estado. La pena de muerte aplicada de una forma cobarde, más vil aún si cabe. Sin aviso. Por sorpresa. Sin posibilidad de defensa. El asesinato, éste sí, a conciencia y sin ser castigado. ¿Cómo condenar a muerte a un Estado que mata a una persona acusada de homicidio?. ¿Cómo es posible que una muerte no sea culpable de otra muerte, sin que la secuencia no termine nunca?.

Delara Darabi es un nombre que ya no tiene cuerpo. Éste, su cuerpo, quedó colgado de la soga en un asesinato público el pasado 1 de mayo.

domingo, 19 de abril de 2009

Los niños mascota

La calle era nuestra. Nuestros horizontes se ampliaban cada vez un poco más. Al principio la calle donde vivíamos. Luego la calle de atrás. Más tarde el barranco o la "montaña", una pequeña ladera (una enorme montaña para nuestros ojos de entonces) que se encontraba a las afueras del barrio. Más tarde la ciudad, el centro. Eramos tan libres como el tiempo y los espacios nos dejaban serlo. Libres de cinco a ocho, o a nueve. Libres los sábados por la tarde. Toda la tarde. Eran horas en que marchábamos de casa para descubrir los mundos que nos esperaban, los lugares ignotos del barrio colindante. Horas enteras para nosotros solos, sin adultos a nuestra vera, sin ojos acechándonos, sin padres ni madres que nos alertaran de los peligros que nos acechaban: ¡ya nos encargábamos nosotros de afrontarlos y salir siempre victoriosos!.

Eso que hemos perdido. Los niños de hoy son niños mascota. Los sacamos al parque a que jueguen. Los llevamos a la playa y les buscamos guarderías de tarde donde realizar deportes o actividades educativas. Les compramos lo último y los llevamos a la cama por las noches. Están siempre con nosotros. Dependen todo el tiempo de nosotros.

Tengo en casa una tortuga. En un terrario - pecera. Allí está siempre, dando vueltas. Me mira. La miro. Se pone nerviosa y sé que tiene hambre. Le echo algo de comer. Me mira. Se da la vuelta y come. Hasta mañana, le digo. Me vuelve a mirar. Y me acuerdo de mis hijos.

martes, 14 de abril de 2009

Guayadeque


A los regazos de la tierra.
A contemplar horizontes verticales
y bordear las huellas
milenarias de los árboles,
a recoger lavandas y prenderlas
de los contornos áridos
que me envuelven...

La tierra se revuelve,
se agrieta, se eleva y se abisma,
surge en oleadas basálticas
y se serena en campos y espigas.

Me asomo y vuelo,
cruzo el límite y alcanzo escarpes,
me elevo, caigo, busco lugares
donde apaciguar el ímpetu
de cada uno de mis costados...
y duermo al fin.

miércoles, 1 de abril de 2009

Praga

Praga no es una ciudad, son dos, tres y hasta cuatro ciudades juntas. Es la ciudad vieja, la ciudad nueva, la ciudad judía, la ciudad pequeña,... Tiene un castillo que no es castillo, es un conjunto de palacios, iglesia, casas que se han unido en lo alto de la colina, con sus calles y sus plazas. Tiene una muralla que no la defiende de nada, que no separa nada, la muralla del hambre. Un muro construído por personas que pagaban su alimento con un trabajo simbólico: construir un muro, a las afueras de la ciudad vieja. Praga es la ciudad del oro, de la luz, en una tierra fría y gris. Es la ciudad dividida y unida por el Moldava. Una ciudad bella, pero hundida aún en los resquicios de la historia que le ha tocado vivir.